Un día más de entre tantos, con lluvia o sol, Jack seguía encerrado en el laboratorio haciendo un sin fin de pruebas a distintos tipos de cadenas genéticas bajo la orden directa de su superior. Aquel día, en concreto, se hallaba prácticamente solo. Winters, su jefe, se encontraba perdido en las instalaciones haciendo Dios sabía qué, por lo que se podía considerar que estaba solo, ya que el resto de sus compañeros tenían el día libre. El muchacho, cansado de tener el cuello doblado hacia abajo y de tener los ojos clavados en un microscopio decidió dejarse llevar hacia atrás, arrastrando la silla con un impulso de las piernas para apartarse de la mesa y estirar un poco el cuello, retirando la cabeza hacia atrás y masajeándose la nuca con una seria expresión de dolor -Esta edad ya empieza a dejarse notar...- masculló.
-Y que lo digas- Jack se sobresaltó al oír la voz de su desaparecido jefe, que había sonado de forma repentina a través de un altavoz.
-¿Vincent?- preguntó el muchacho -¿Dónde estás?-
-Aquí, atrás del cristal de estudio- rio cantarina la voz de su jefe. Jack miró hacia aquel cristal en el que se veía reflejado. Era como el típico espejo de las salas de interrogatorio de las comisarías de policía donde los individuos del interior de la sala lo percibían como un espejo, mientras que desde el otro lado no era más que un cristal para ver a través de él. Jack y sus compañeros lo sabían, por supuesto. Según Winters, ese espejo era para poder supervisar e incluso poder demostrar el trabajo realizado en las instalaciones a cualquier visitante político o socio sin tener que interrumpir a los trabajadores o hacerlos sentir incómodo bajo la atenta mirada de extraños. Era evidente que no todos estaban contentos con la idea de poder ser observados de cualquiera manera sin ellos saberlo a ciencia cierta, pero también agradecían la bendición de la ignorancia sobre la posibilidad de tener unos cuantos ojos aburridos mirándolos a través de ese cristal -¿Te he asustado?-
-Me has pillado vagueando- bromeó Jack.
-Ya lo veo- ambos se echaron a reír -¿Necesitas un descanso, chico?-
-No me vendría mal, la verdad-
-Pues venga, levanta de la silla. Vamos a tomar un café-
Dicho y hecho, Jack se encontró con Vincent Winters tras salir de la sala observación y elaboración. Ese encuentro llevó su tiempo debido a que había que pasar un largo proceso de desinfección de los trajes antes de entrar y salir de la sala, pero todo fuera por la salud de los trabajadores y del resto de la humanidad que aguardaba fuera de los laboratorios. Jack se quitó la mascara y la capucha protectora una vez estuvo descontaminado y fuera de la sala. Allí Winters ya le esperaba con los brazos cruzados y una sonrisa cómplice -¿Sabes que cualquiera en tu lugar ya me habría mandado a la mierda, no?-
-Oh, lo sé- se echó a reir Jack -¿Dónde está ese café?-
-Esperando en restaurante. Vamos- ambos hombres se dirigieron hacia la sala de descanso donde disponían de una pequeña zona de restauración para comer a cualquier hora del día que fuera necesario. Aquel día, al igual que el personal del laboratorio, muchos miembros de cocina estaban de descanso o día libre, de manera que apenas estaba una chica joven y resuelta dando vueltas por la zona de restauración limpiando mesas, recolocando sillas, elaborando menús y demás quehaceres aprovechando la baja afluencia de personal -Buenas tardes, Riley- saludó Winters.
-Buenas noches querrá decir, señor Winters- corrigió amablemente la muchacha.
-¿Noches?- Vincent miró a Jack con sorpresa, mientras que éste le señalaba el reloj. Casi eran las once de la noche -Santa madre mía ¿Y seguís aquí?-
-Tenemos un jefe un tanto explotador- comentó Jack encogiéndose de hombros mientras se sentaba en una banca frente a una mesa.
-Señor...- suspiró Winters -Entonces supongo que nada de café a estas horas ¿Cómo se me ha ido el santo al cielo de esta manera? ¿Qué te parece entonces una cerveza?-
-¿Sabes qué? Casi prefiero un zumo-
-¿Vas a hacerme exprimirte un zumo ahora?- comentó Riley a disgusto acercándose a la mesa para oír las peticiones de los hombres.
-Me vale de brick. No seas tiquismiquis. Es tu trabajo-
-"Is ti tribiji"- repitió ella con burla pero jocosa -¿Y el jefazo?-
-Ponme una copa, anda. Un par de dedos de whiskey-
-Marcho ¿Nada que comer?-
-Yo cenaré en casa- apuntó rapidamente Jack.
-Yo no tengo mucho apetito, así que no. Gracias, Riley- con una sonrisilla, la muchacha marchó rapidamente para traer las bebidas que ambos habían pedido. No dejaba de estar enormemente agradecida, puesto que ya a esas horas y con los pocos que había en el laboratorio, ya podría irse a casa por fin a terminar su largo y tedioso turno. De ese modo, una vez sirvió, se marchó para dejar a ambos hombres solos.
El silencio comenzó a imperar de forma repentina en el lugar una vez que Riley se despidió y desapareció en la cocina, seguramente para marcharse por la puerta del personal. Winters agitaba el whiskey dándole vueltas en el brazo mientras que Jack sorbía graciosamente del brick de zumo de naranja a través de una colorida pajita de plástico -Últimamente el trabajo es duro ¿eh?- comentó distraido Winters.
-Siempre lo es- le quitó importancia Jack.
-Sé que estos últimos días exijo mucho. Lo siento, pero considero que es necesario- suspiró -Creo que estamos cerca, Jack. Muy cerca-
-¿De... qué?- Jack dejó de sorber para observar atentamente a su jefe.
-¿De qué va a ser? Del resultado-
-Venga ya- a Jack le costó contener una risilla.
-¿No me crees?- Winters pestañeó extrañado.
-N-no es eso. A ver, cómo lo diría...- le costaba, verdaderamente, no sonreír. Era imposible. Vincent le caló al instante.
-Jack... Dime una cosa- captó la atención del muchacho -¿Has estado años trabajando en los laboratorios, en mis proyectos, sin creer que son posibles?-
-En absoluto- negó Jack, mintiendo por supuesto. No podía decirle la contundente verdad a su jefe, ni él ni ninguno de sus compañeros de trabajo, pero era evidente que no había ni un solo miembro del equipo que creyera que podían lograr lo que perseguían bajo la tutela de Winters. No se podía curar la muerte, no se podía lograr la inmortalidad y menos en un laboratorio con cuatro moléculas.
-Hoy que estamos en petit comité, te diré que entiendo perfectamente el escepticismo del equipo. Tu escepticismo- destacó -Pero te prometo que es verdad lo que te digo. Estamos cerca, muy, muy cerca, de lograrlo. Por una vez hemos logrado una reacción positiva. Hay estímulo en células muertas-
-Estás de coña- Jack se atragantó al dar un sorbo de nuevo al zumo. Vincent soltó una carcajada.
-No, Jack, no es broma ¡No es broma!-
-Pero eso es... es...-
-¿Imposible?-
-¡Increíble, Vincent!- los ojos de Jack brillaban con ilusión -¿Cómo? Osea... ¿Cómo podriamos anunciar al mundo que hemos podido desarrollar una fórmula capaz de traer vida a alguien que haya fallecido? ¿Cómo?-
-Espera, espera- Winters reía pero aún se mantenía algo sereno -Calma, chico. Aún hay mucho que hacer. Es solo un estímulo-
-Sigue siendo un hito. Es un paso gigantesco-
-Sí, gigantesco sí- asintió el jefe -Así que espero que me disculpes por tenerte hoy aquí liado hasta tarde, pero ese esfuerzo ha resultado en este enorme paso-
-Entonces me quedo toda la noche ¿no?- comentó Jack no sin cierto desánimo.
-No seas lamebotas, Jack. Échame huevos ¿O es que no quieres volver a casa con tu chica?- Jack asintió con humildad -Solo terminamos un par de asuntos rápidos y nos vamos. Yo también estoy harto de estar aquí-
-Cualquiera lo diría-
-Yo soy un cualquiera y te lo estoy diciendo- ambos hombres se terminaron sus bebidas y se pusieron en marcha de nuevo a los laboratorios -Ah, antes tengo que ponerte una nueva vacuna-
-¿Otra vez?- ladeó la cabeza Jack.
-Sí. El suero está avanzando, de manera que se fortalece. Aún no sabemos bien qué efectos puede tener en nosotros, así que debemos protegernos. Conforme se avanza en su desarrollo, debemos fortalecer nuestras defensas con nuevas vacunas-
-A ver...- suspiró Jack -Ya sabes que no me hace mucha gracia-
-Tú y tus miedos a las agujas-
-No es miedo, pero me incomodan. Son invasivas. Entran en mi sin permiso-
-Agradece que sea una aguja y no otra cosa- bromeó Winters mientras se desviaba junto a Jack a la sala médica para ponerle la nueva vacuna.
Por suerte, fue más rápido de lo que Jack esperaba. La nueva dosis era muy pequeña, de forma que apenas tuvo que sentir la molesta sensación punzante apenas unos segundos -Todo listo, machote- Winters le dio una palmada en la espalda -Ahora ya solo necesito que me hagas un favor ¿Quieres?-
-Claro- asintió Jack volviendo a ponerse el traje de protección.
-Solo necesito que lleves esto- señaló a un carrito lleno de pequeñas probetas con un extraño líquido amarillento en su interior -Déjalo allí en la sala de elaboración, no les pasará nada. Déjalos en un rincón donde no molesten pero por lo que más quieras, desconecta las microondas-
-¿Por quién me tomas?- se molestó Jack -No soy un novato-
-Claro que no, pero eres humano. Los humanos cometemos errores y este error no es uno que debamos permitirnos o vamos a saltar por los aires-
-¿Pero qué diablos es eso? ¿Nitroglicerina?-
-No, no es nada de eso. Tú solo hazme caso- asintió Winters con seriedad.
-A sus órdenes, supongo-
-Exacto, a mis órdenes. Venga, tira. Ya nos veremos mañana- se despidió con amabilidad Winters mientras Jack empujaba el carrito de vuelta a la sala de elaboración.
Distraido, el joven iba deambulando por los blancos pasillos mientras el carrito traqueteaba suavemente emitiendo un agradable sonido cristalino de los frasquitos al vibrar unos contra otros. Tanto era así que tardó un buen rato en darse cuenta de que su teléfono móvil estaba vibrando con violencia en el bolsillo. A toda prisa, abrió la cremallera del traje para poder cogerlo justo antes de que la llamara se cortara -¿Hola? ¿Nora?- preguntó al haber visto que era ella quien llamaba.
-Oye, feo- oyó la voz de su chica -¿Dónde te metes?-
-Atravesando el pasillo de la Estrella de la Muerte. El Emperador me ha dado una misión-
-Qué importante- comentó ella con ironía -Tanto como el estar esperándote casi más de media hora-
-¿Eh?-
-Estamos todos aquí, Jack- comentó Nora entre risas -Llegas tarde, otra vez-
-¡Joder, es verdad!-
-Tranquilo ¿Te queda mucho?-
-No, solo llevar unas muestras y vuelvo cagando leches-
-Como te he dicho, tranquilo. No vayas a estrellar el Halcón- se mofó su novia
-Muy graciosa- contestó Jack entre risas -Acabo aquí y vuelvo enseguida ¿De acuerdo?-
-Venga. Te esperamos-
-¡Pero solo un poco más, capullo! Tengo hambre- se oyó de fondo la voz de Helena, una amiga íntima de Nora.
-La has oido, supongo- suspiró Nora.
-Alto y claro. Voy corriendo-
-Ten cuidado ¿vale? Te quiero-
-Te quiero, cielo. Espérame- dicho eso, colgó el teléfono y aceleró el paso. Se adentró en la sala tras la descontaminación y acercó el carrito a una esquina apartada de las mesas de experimentación para evitar que pudiera mezclarse cualquier tipo de sustancia que pudiera contaminar las muestras que había en el carrito. Luego, como Winters pidió, comenzó a apagar todos los dispositivos que había en la sala para que no hubiese reacciones inesperadas -De acuerdo- dijo para sí, observando su alrededor -¿Todo bien, todo bien, todo bien...?- se decía, observando como todo estaba perfectamente apagado -Bueno, pues vámonos- dio una palmada y se descontaminó para salir a las taquillas para vestirse e irse a casa. Un nuevo día, un nuevo paso. De ser cierto lo que decía Winters, iban a hacer historia en cuestión de tiempo. Pronto, muy pronto, cambiarían la vida de la gente para siempre.
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