Cuando sonó el timbre tras la puerta, Nora se levantó del asiento como un resorte y aceleró su paso hasta abrirla. Jack parecía angustiado. Estaba despeinado, tenía la camisa algo desabotonada y arrugada, y por el sudor que desprendía algo le decía a la chica que había estado corriendo desde que aparcó el coche hasta llegar a la vivienda. Posiblemente, ni si quiera había tomado el ascensor, seguro de que subiendo las escaleras de tres en tres llegaría antes.
—Lo siento mucho, cielo, de verdad. Se me ha ido el tiempo entre una cosa y otra, y Vincent... —intentó explicarse. Nora le calló con un beso discreto. Esa noche no quería discutir, ni alargarla más de lo necesario en conversaciones de trabajo. Aquella noche necesitaba disfrutar.
—¿Todo bien? ¿Ha pasado algo? —preguntó en voz baja.
—Sí, no te preocupes. Sólo es lo de siempre.
—¡Pues mueve el culo y siéntate ya!— gritó Jason desde el salón, quien no cabía duda de que había estado oyendo la conversación. Jack y Nora sonrieron mutuamente al mirarse, conscientes de que si algo nunca iban a poder cambiar, era el carácter de sus amigos.
Arthur, hermano de Jack, caminó hasta la cocina para sacar las bolsas con comida tailandesa para llevar que había comprado hacía ya una hora justo antes de llegar a casa de Jack. Su mujer, Sarah, ayudó a colocar las fuentes de tallarines, arroz, verduras wok y sopa tom yam al rededor de la pequeña mesa del salón, donde todos los sábados se las ingeniaban para colocar la cena sin que nada acabase en el suelo. Jason colocó los vasos donde siempre: algunos sobre el mueble del televisor, otros en la mesita auxiliar que había junto a los sofás y a los que no encontraba ubicación segura, sobre la estantería. Helena, por su parte, apenas ayudaba en nada. Se había acercado a la nevera a tomar su segunda cerveza de la noche, en botellin. Era la única que se negaba a esperar a los demás para probar algo, alegando siempre que tenía la boca muy seca. Sentada descuidadamente sobre el puf que había entre ambos sofás, dirigía a Charlie y Carol para que la pareja colocase las sillas plegables en los lugares más idóneos para que ninguno se moviese demasiado para alcanzar algo de comida. Y Ethan... Ethan sólo miraba.
— A ver, señor doctorado en biología, ¿Qué ha sido hoy? —preguntó Helena mientras Jack se quitaba el abrigo y lo colocaba sobre el perchero que quedaba al lado de la puerta. —¿Un trabajo extra? ¿Una charla de más con algún compañero de trabajo? ¿O tu jefe te soborna para pasar unas horas poco laborales con él? —preguntó con burla.
—Perdonadme, de verdad. Estamos en un momento de desarrollo en el que estamos dando todo lo que tenemos —explicó apurado.
—Oh, sí. Los trabajos misteriosos que no se pueden explicar —añadió la chica, componiendo una voz enigmática y teatral mientras hacía movimientos con los dedos de la mano libre.
—Son clausulas, tía. ¿No sabes qué son las clausulas? —preguntó Jason, tomando asiento junto a ella.
—¿En serio me estás preguntando eso? ¿A mi? ¿Capullo? —le respondió entornando los ojos.
—Ay, Jason... —se lamentó Charlie.
—Bueno, bueno. Haya paz —intervino Sarah. Aquella noche se había vestido de forma elegante, como de costumbre. Su vestido verde hacía que los cabellos rubios que caían por sus hombros resaltasen más que de costumbre. Su voz serena logró apaciguar los ánimos y su sonrisa, hacer ver que no había ningún problema. Nora la observaba con detenimiento desde una esquina, preguntándose una vez más como conseguía ser tan perfecta. —Te entendemos, Jack. No te preocupes. Arthur también se demora de vez en cuando en el trabajo —explicó.
—Ah, cierto. Los profesores sois los que más curráis de todo el país —comentó Ethan con sorna, acercándose por fin a los demás. —Es broma, es broma. Es sólo que no sé donde están las horas de más en un trabajo así. Me gustaría comprenderlo.
—Pues para empezar las horas lectivas no son mi único trabajo —comenzó a explicar Arthur. —En el despacho se elabora todo lo que no puede hacerse en clases, desde horarios a actividades prácticas. Y por supuesto, también corrijo exámenes. Y créeme que en algunos tengo que desperdiciar más de una hora para comprender qué están tratando de decir algunos chicos.
—¿Te refieres a caligrafía? —preguntó Carol, curiosa, sumándose a la charla.
—No, que va. Me refiero a las historias que se inventan y que demuestran que no han estudiado nada —aseguró. Pero no parecía tranquilo al hablar, sino desconcertado.
—Ah, entiendo, entiendo —asintió Ethan. —¿Y de sexualidad? ¿Les hablas ya de sexualidad?
—Ethan, los chicos del instituto tienen más vida sexual que tú hoy en día. ¿De que quieres que le hablen? —preguntó Helena.
—Simple curiosidad. Me resulta graciosa la idea de ver hablar a este tipo de preservativos y gonorrea —se burló.
—¿Qué pasa? ¿No me ves capaz?
—Claro que sí, tío —se recompuso, dando un leve golpe en el pecho de Arthur, de forma amistosa y despreocupada —Es sólo que debajo de toda esa cara de seriedad me cuesta ver a un hombre hablando de enfermedades sexuales.
—Hablando de enfermedades sexuales —se sumó Jason. —Si yo...
—¿No teníais hambre? —preguntó Nora, colocando las manos sobre las caderas, consiguiendo silenciar a todos los que hablaban —Los fideos tienen que estar ya fríos.
—Pues también es verdad —asintió Helena, frunciendo el labio y presentándose como la primera en echar mano a la comida. Después de ella, todos se acercaron y se sirvieron, de forma que en pocos minutos el silencio se hizo mientras todos se acomodaban y degustaban la comida acompañada de una copa de vino que Jack se encargó de ofrecer a todos. De alguna forma, la comida también amansaba a las fieras.
Las charlas se hicieron banales, las risas estúpidas y el ambiente sumamente acogedor. La comida fue poco a poco acabándose, así como las copas rellenándose de vez en cuando. Los minutos, incluso las horas, pasaban sin que ninguno se estuviese dando cuenta realmente de ello. Quizá por ello a Nora no le pareció mejor ocasión que aquella para hablar. —¿Queréis tarta? La he hecho esta tarde —preguntó, poniéndose en pie para caminar hacia la cocina.
—Muchas gracias, Nora. Pero estoy llenísimo — dijo Charlie.
—Pues yo si quiero —aseguró Helena con emoción. —Eres una santa, te lo juro. Dime que es de queso.
—Es de queso.
—Lo sabía —sonrió la chica bobalicona, extendiendo sus brazos hacia atrás. —Jack, tienes mucha suerte. Si yo conociese a alguien que hiciese tarta de queso todas las semanas, también me iría a vivir con él.
—¿Cómo puedes comer tanto sin engordar? —preguntó Jason, incrédulo.
—Me estoy cobrando la parte de todas las pruebas físicas que tuve que superar para entrar en el cuerpo y te aseguro que todavía falta algo más de un año de tartas para compensarlo —aseguró con enorme decisión en la voz.
—Bueno, en cualquier caso no esperes que vaya a estar un año entero cocinando tartas para ti —bromeó Nora, colocando el pastel en el centro de la mesa tras retirar algunos platos sucios. La cobertura superior de la tarta tenía un color rojizo tan llamativo que abrió el estómago de algunos que ya lo creían cerrado.
—Tiene una pinta estupenda —aseguró Sarah.
—¿Por qué no os lleváis un trozo para Mark? Hace ya tiempo que no le veo —recordó Jack. El trabajo tan ajetreado de todos impedía que pudiesen mantener el contacto con la familia como solía ser costumbre antes de que naciera.
—Pásate por casa, hombre. No puedes estar trabajando tantas horas. Dejas de lado a tu familia, dejas de lado a Nora... —señaló Arthur.
—No me deja de lado, Arthur. Yo también estoy ocupada en comisaría. Es sólo que estamos en un momento un poco complicado, aunque... por mi parte va a durar poco este ritmo ya —se atrevió a decir. Helena y Charlie, que ya habían echado mano a un cuchillo para cortar el pastel, se quedaron quietos unos segundos.
—¿A que te refieres? Si apenas llevamos dos años en el cuerpo —frunció su compañera el ceño. Nora miró a Jack y se mordió el labio inferior. ¿Para qué ocultarlo más? Unas semanas más y su cuerpo hablaría por ella. El hombre, aún despeinado, echó mano del bolsillo trasero de sus pantalones. De la cartera extrajo un par de fotografías en blanco y negro que todos adivinaron en pocos segundos de qué se trataba.
—Estoy embarazada.
Lo que en un primer momento fue un absoluto silencio, en poco tiempo se convirtió en jolgorio y felicidad. Sarah se echó a los brazos de Nora, colmandola de abrazos y besos llenos de orgullo y dicha. Charlie y Carol se pusieron en pie y felicitaron a la pareja con ciertos deseos, palpables e inevitables, de que ellos fuesen próximamente los felicidatos. A Jason casi se le escapó una lágrima mientras abrazaba a su amigo de toda la vida, a Jack, con quien había compartido momentos que jamás olvidaría de su niñez. Helena se frotó la frente, incrédula. —No me puedo creer que vayamos a tener a otro impuntual en esta reunión —comentó con sopor. —Qué diantres, venid aquí los dos —sus palabras fueron como un aviso antes de que extendiese un brazo hacia da uno y los abrazase tanto como el número de personas festejando la ocasión lo permitía.
—¡¿Pero desde cuando lo sabías?! —preguntó Sarah con enorme emoción en la voz mientras miraba las imágenes de la ecografía, pequeñas y poco nítidas.
—Desde hace un par de meses, pero no queríamos decir nada porque... ya sabes, a veces estas cosas no salen bien y no queríamos adelantar acontecimientos si nos íbamos a llevar una decepción —explicó Nora. Sus ojos lucían con un brillo especial aquella noche, atrapante y atractivo. Las mejillas estaban sonrosadas por la noticia que acababa de dar y su cabeza ya daba vueltas, por fin, en el futuro.
—¿Cuando ha sido la ecografía? —preguntó Carol.
—Fue hace dos días. Cuando nos dijeron que todo iba bien fue como una luz verde para poder contarlo por fin.
—¿De cuanto estas ya? —continuó Sarah.
—Casi doce semanas.
—¡¿Pero qué dices?! ¡Déjame ver! —la instó a ponerse en pie. Sin permisos le alzó levemente el jersey para observar un vientre casi plano.
—Todavía no se nota, Sarah.
—Seguro que dentro de dos semanas ya se nota. Cuando estuve embarazada de Mark a las doce semanas ya tenía una bulto asomando.
—Pero es que tú estas muy delgada, a mi me va a tardar unas semanas más.
—¿Y sabéis ya el sexo? —volvió a preguntar Carol. Ésta vez era ella quien tenía las fotografías.
—Que va. Al parecer es muy pronto y nos dio la espalda todo el rato. Sólo he podido verle el culo.
—Me estoy haciendo vieja —comentó Helena, echando mano a un botellín de cerveza nuevo y saboreando, por fin, su trozo de tarta.
—Tío, me compadezco de ti. Lo siento mucho — comentó Ethan, acercándose a Jack. De alguna forma, el grupo se había dividido en dos. Las mujeres hablaban sobre el embarazo, con Charlie entre ellas, mientras que los demás se habían quedado con Jack, tratando el tema de una forma en la que ellos pensaron que sería más varonil. —Esto es el principio del fin.
—¿Qué dices? Si ni si quiera tienes hijos —gruñó Jason, aún emocionado por la noticia.
—Pues por eso tío. Ahora ya estas encadenado a tu mujer y a tu hijo. Se acabaron las fiestas, las quedadas con los compañeros, las charlas entre hombres. Que putada tío.
—Joder, Ethan —bufó Jason.
—Que es broma tío —se carcajeó. —Me alegro y esas cosas. Para consejos de niños ya tienes a tu hermano. Yo continuaré siendo alguien que disfruta de la vida hasta que muera —prometió, dando un largo sorbo a su copa de vino.
—No le hagas caso, Jack. Es algo muy emocionante. Tener hijos es algo que... te debe completar —aseguró Arthur. Dado que no lo había hecho antes, aprovechó la situación para darle un abrazo a su hermano. —Me alegro por ti y por Nora.
—Gracias. La verdad es que nos cogió de imprevisto. No lo habíamos buscado así que...
—Nos casamos el mes que viene —añadió Nora, que había estado oyendo la conversación de los hombres disimuladamente.
—¡¿Qué?! ¡¿Pero cuantas bajas vas a pedir?!
—Es que ya que teníamos planeado casarnos para el año que viene, con el tema del embarazo decidimos casarnos para el mes que viene. —explicó Jack. —No va a ser ninguna fiesta por todo lo alto ni nada de eso, sólo vamos a firmar los papeles y ya está. En la empresa tendría ciertos beneficios si lo hacemos así antes de que el bebé nazca, ya sabéis, para complementos salariales y esas cosas.
—¿Entonces tenemos boda para el mes que viene? —preguntó Charlie.
—Ya os hemos dicho que no va a ser nada del otro mundo, solo una formalidad —insistió Nora.
—¡Pues entonces yo me encargo de la despedida de soltero, tíos! —se interpuso Jason. —Si me dais dos semanas os la planifico. Podemos alquilar un local y buscar algún proveedor de bebidas que...
De alguna forma, los grupos volvieron a separase.
Tanta información y celebración hizo que, de forma obligada, Jack y Nora tuviesen que atender a todos a su forma. Los abrazos, los besos y las copas continuaron mientras que la vista ya estaba puesta en el futuro. Y aunque estaban ocupados, la pareja volvió a encontrar unos momentos para mirarse y sonreírse ignorando por unos segundos a los demás. Fue una mirada que expresaba todo. Amor, felicidad, logro... alegría después de tantos años. Quizá por ello Nora decidió apartar la vista y dejar que Jack siguiese con los demás, puesto que más adelante, en unos meses, tendrían su momento especial. Ahora sólo podían compartir con quienes eran, a todas luces, su familia.
—¿Y cuando nace la pequeña Helena? —preguntó la chica, tomando asiento junto a Nora a unas horas a las que ya todos estaban algo cansados. La mujer aún miraba a su pareja, tan exultante mientras hablaba con su hermano y Jason que le pareció aún más atractivo de lo normal.
—No se si será una niña, y por supuesto, no se va a llamar Helena —aseguró, dejándo caer su cabeza sobre el hombro de Helena. Ésta flexionó su cabeza hasta dejarla sobre la de la chica.
—Traidora —se burló, provocando una pequeña risa en Nora. —Me alegro mucho por ti, de verdad —insistió. La mujer suspiró largamente. Estaba tan alegre observando a todos, que creyó que por fin había conseguido dar con el verdadero significado de la felicidad. Deseó con todas sus fuerzas que hasta el día en el que tuviese que dejar el mundo todo fuese así, y que su hijo, desde que naciese, pudiese contar siempre con el apoyo de todos los que la acompañaban aquella noche. No podía más. No necesitaba más. —¿Puedo ser la madrina capulla que siempre bebe? A la que regañes por enseñar lo que es la cerveza demasiado pronto a tu hijo. —La respuesta de Nora no se hizo esperar. Tomó un cojín del sofá y se lo estampó en la cara.
—¡Eh! ¿Nos hacemos una foto? Este día habrá que recordarlo ¿No? —preguntó Sarah.
—Buena idea. Voy a buscar la instantánea —se le ocurrió a Jack.
—Oh— bufó Helena. —¿Cuantas veces vais a fardear de esa camarucha?
Jack colocó la cámara sobre el televisor, esperando que ésta no se cayese y se estropease. Pulsó el botón del contador y corrió a reunirse con los demás, que ya estaban colocados al rededor del sofá. Charlie abrazando a Carol, Ethan alzando una copa nueva de vino, Arthur junto a Sarah, Jason haciendo una pose infantil, Helena gruñéndo por ello y Jack junto a Nora, colocando sus manos sobre el vientre de ésta.
El flash se disparó y la cámara comenzó a imprimir la fotografía bajo la expectación de todos, quienes de ninguna forma llegaron a imaginar... que aquella sería la última vez que se reunirían.
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