Al llegar al domicilio de la chica donde vivía con su hermano, Arthur no pudo hacer más que simplemente acompañarla hasta la cama. Nora tenía las piernas fláccidas y apenas caminaba como era debido, amenazando con caerse de bruces al suelo si la soltaba. La chica solo podía sollozar y lagrimear como si el mundo hubiese tocado a su fin y Arthur podía comprenderla -Venga, túmbate- la ayudó a sentarse y Nora hizo el resto, dejándose caer con una apatía absoluta, abrazándose a la almohada -Descansa un rato. Voy a hacer un par de llamadas- dijo Arthur antes de dejarla a solas en la habitación, desde donde la seguía oyendo llorar aún cuando hablaba por teléfono con su trabajo para comentar la situación y explicar la razón del por qué no podría acudir de vuelta ese día y posiblemente el siguiente. Después llamó al seguro médico para preguntar por si había alguna clase de medicación que Nora pudiese tomar para templar los nervios. Una vez dada la indicación, Arthur fue a la farmacia más cercana para traerle a Nora unos tranquilizantes sencillos que no afectaran a su estado de embarazo de forma nociva. Arthur sabía que no funcionaría, pero peor era no probar a hacer nada. Tras darle a Nora una de las pastillas, no pudo hacer más que sentarse junto a la chica y esperar.
Las horas se sucedieron lentas y tortuosas. Nora no salió de la cama para absolutamente nada y Arthur no sabía qué más podía hacer. La noche terminó por llegar y en las noticias solo hablaban del accidente, sin informar de momento de la identidad de los cuerpos recuperados hasta la fecha. Fue entonces a esas altas horas cuando sonó el timbre de la puerta y Helena hizo acto de presencia cuando Arthur abrió -Ya estoy libre- comentó la muchacha rubia mientras pasaba sin esperar invitación -¿Dónde está?-
-En la habitación-
-Vale. Puedes irte si quieres- Helena caminó apresurada, dejando el bolso mal tirado sobre el sofá, para correr a la habitación de Nora. Arthur la siguió para encontrarla ya abrazada a la chica, que volvía a llorar con fuerza acompañada de su mejor amiga.
-Me sabe mal dejarla aquí sola-
-No está sola. Estaré con ella toda la noche-
-¿Segura?- Helena asintió.
-Sarah te estará esperando y Mark también. Tienes una familia que cuidar, Arthur-
-Lo sé...- apretó disimuladamente los puños.
-Hey...- Helena dio un suave beso en la frente a Nora y la dejó de nuevo yacer en la cama mientras se levantaba para buscar a Arthur. Lo sacó al pasillo para hablar -¿Necesitas tú algo?-
-¿Yo?-
-Es tu hermano, Arthur ¿Eres consciente de que parece que ni siquiera te importa?- aquellas palabras cayeron sobre Arthur como una losa.
-¿Cómo...?-
-No te estoy juzgando. Es solo que desde el primer momento has parecido tranquilo y has estado aquí, junto a Nora, cosa que te agradezco y tal pero... ¿Estás en shock? ¿Necesitas un psicólogo?-
-No, en absoluto- comentó con dureza -Supongo que es... difícil de asimilar-
-Ya... Supongo que sí- ambos se quedaron en silencio un instante.
-¿Habéis...?- Helena negó con la cabeza, frunciendo los labios y apretando la mandíbula conteniendo lágrimas de pura frustración y pesar. Jack no solo era el novio de su mejor amiga y el padre del hijo que esperaba Nora, sino que era un amigo en sí. Tardón, pero un buen amigo. Una proto familia de buenos amigos que sabían alegrarle el día y que ahora pasaba por un momento infernal.
-No hay absolutamente nada- habló despacio, templando los nervios, calmando las ganas de llorar -Hemos traido grúas y excavadoras y maldito sea Dios, no hay ni el menor rastro de Jack. Los bomberos y el cuerpo de policía dan por sentado que no hay más cuerpos y solo restan escombros y restos desperdigados-
-Pero no puede ser. Si Jack no hubiese estado, cogería el teléfono- masculló incrédulo Arthur.
-Mira... Ahora mismo solo te puedo decir que ojalá, ojalá, Jack hubiese tenido un apretón de camino a la empresa, un antojo de chocolatina o incluso una puta amante a la que hubiese ido a visitar con tal de no decir esto, pero...- bufó -Tememos que la explosión lo ha calcinado y reducido a jodidas cenizas que ahora arrastra el viento por el suelo- Arthur soltó un profundo suspiro al oir eso -Lo poco que hemos podido encontrar y que nos da esos indicios son restos de bata y demás. No sabemos si son de Jack pero... hay muchas cosas y gente desaparecida. Tampoco hay rastro de Vincent Winters, el director de Vicorp. Si estaban cerca del núcleo de la explosión es evidente que...-
-Vale, lo entiendo...- interrumpió Arthur -Voy... Voy a casa- Helena asintió, abrazándose a sí misma, sin poder contener ya un par de lágrimas. Ver al estoico Arthur tan pálido y derrotado, mareado y desorientado, empeoraba la impresión tan dura de aquella catástrofe.
-Procura dormir un poco Arthur- dicho aquello, sin obtener respuesta, el hombre se marchó.
Con la llegada del nuevo día, Nora se mantenía en el mismo estado de apatía, en la cama, sin salir para absolutamente nada de la habitación. Helena durmió con ella, pero al salir el sol se vio obligada de salir de la habitación para hacer unas llamadas nuevamente. Para su desgracia, desde el cuerpo le informaron de que se declararon oficialmente muertos a todos los cuerpos recogidos y a los desaparecidos dada la completa imposibilidad de encontrar rastro alguno más que despojos de ropa, sangre y algún pedazo mutilado. Helena volvió a llorar por su amiga pero debía informarle de todo, era su deber como amiga y policía. Además, le habían dicho que se celebraría un funeral en conjunto en honor a los desaparecidos. Al decírselo a Nora, ésta no respondió y quedó más que patente que no iba a acudir a entierro alguno. Helena no se sentía extrañada. De hecho, casi era lo mejor. Consideraba que acudir a funerales y entierros como concepto de despedida era una memez. Solo se enterraba una caja con un cuerpo inerte que ni siente ni padece, que no oye las despedidas. No era más que apariencias por viejas costumbres mayormente religiosas a la hora de dar sepultura. Ella acudiría de todas formas, aunque fuera por estar presente en honor a Nora. Era lo menos que podía hacer.
La idea de dejar sola a su amiga no era precisamente apetecible, pero aprovecharía al comprobar que Nora había terminado rindiéndose al cansancio de su cuerpo y de su mente, quedándose profundamente dormida a lo largo del día, cerca de la hora del funeral. Helena fue a su propia casa tras dejarle a Nora en la mesita una nota escrita con lo que iba a hacer y que después volvería para hacerle compañía el resto del día y la noche. Por lo demás, lo único que pudo hacer fue vestir de luto como seguía la estúpida costumbre para luego reunirse en el cementerio junto al resto. Allí estaban todos, desde Jason hasta Arthur. No faltaba nadie excepto Nora -Helena- saludó Sarah, acercándose a la chica -¿Cómo está Nora? ¿Dónde está?-
-Lo último que sé de ella es que se quedó frita, derrotada por completo- suspiró -Me parece correcto que no haga acto de presencia por aquí hoy. Cuando esté más preparada mentalmente que se pase si quiere a saludar o despedirse... o lo que considere-
-¿Estará bien sola?- se cuestionó la mujer.
-Es cosa de un momento y volveré con ella- suspiró Helena -Venga... no retrasemos más la ceremonia- ambas mujeres caminaron juntas hacia donde se encontraba un sacerdote que daba su larga y tediosa charla espiritual en torno a varios féretros en honor a los fallecidos en la explosión, tanto los presentes como los que no, cuyos ataudes estaban vacíos pero se encontraban ahí de forma simbólica. Había varias familias agrupadas y segregadas según el núcleo al que pertenecían, cada grupo por uno de los fallecidos. Allí, en el de Jack, solo estaban sus amigos y un hombre mayor que Helena desconocía. Arthur y Sarah sí sabían muy bien de quién se trataba, pues era Thomas Vane, el padre de Jack y Arthur. El hombre y sus hijos llevaban varios años peleados y no se dirigían la palabra, pero al menos tuvo el valor de reunir el poco honor que le quedaba para acudir al funeral de su hijo. No obstante, se podía apreciar una cierta distancia entre padre e hijo cuando los amigos lloraban su pérdida pero el padre se mantenía duro y severo, mirando el ataud con poco más que un ligero aire de remordimiento por haber tenido que acabar todo de aquella funesta manera.
En cuanto acabó el entierro y los ataudes se vieron cubiertos de tierra, Thomas desapareció sin decir más palabra. Arthur lo estuvo siguiendo con la mirada, con la mandíbula apretada y dolor en los nudillos de contener la rabia. Fueron los únicos instantes en los que se encontraron lágrimas en su rostro -Tranquilo, cariño- pidió Sarah -Por favor, déjalo ir...-
-Ese desgraciado hijo de puta...-
-Siempre hay historias difíciles por todas partes ¿eh?- comentó Ethan, rascándose la nuca
-Ni te lo imaginas-
-Bueno, me tengo que marchar- comentó Helena -No sé si Nora habrá despertado, así que...-
-Quería hablaros sobre eso. Hoy me ocupo yo de Nora- suspiró Arthur.
-¿Por qué?- quiso saber Helena.
-Ya está hablado- comentó Sarah -Tenéis que trabajar. Jack no era familiar directo vuestro por lo que no se os concederán permisos como a Arthur. Él podrá cuidar de Nora hoy y mañana nos iremos turnando-
-¿Estás segura de que estarás bien sola?- preguntó Arthur rodeando con el brazo a su mujer.
-Tonto. Eres tú el que no sabe hacer nada sin mi- le sonrió calidamente la mujer pese a su mirada triste.
-Espero que te equivoques por el bien de Nora- suspiró Helena.
-De todas formas tienen razón- apuntó Ethan -No gozaremos de permiso de duelo. Tenemos que ir a trabajar y seguir investigando todo este asunto y...- bufó pesarosamente -Joder, Jack...- negó con la cabeza -Esto es lo más injusto que he visto en toda mi vida como policía...-
-Espero que sea lo peor y no vaya a más- todos entendieron a qué se refería. Si Nora no se cuidaba, podía perder también al bebé y la cota de catástrofe superaría todo límite soportable.
-Yo me encargo- asintió Arthur -Vámonos a casa. Me cambiaré y cogeré algo de ropa... e iré con ella-
-Mantennos informados de cualquier cosa ¿De acuerdo?- pidió Helena, que miró hacia atrás. Charlie, Carol y Jason seguían aún frente a la tumba. El pobre Jason estaba devastado, agarrado a la pareja -Al menos a mí. Creo que ellos necesitan desconectar un poco de la situación-
-Hecho- asintió Arthur antes de tomar camino a su casa junto a Sarah.
El hombre se cambió el atuendo para no ir de luto a casa de Nora. Le bastó un pantalón vaquero y una camisa azul para hacer el apaño mientras que a modo de equipaje llevaba una sudadera y un pantalón de chandal para ponerse cómodo para pasar la noche en el sofá. Se despidió de su mujer y su hijo con un cálido beso, esperando verles al día siguiente, y se puso en marcha. En la casa de Nora, por otra parte, solo le recibió la completa frialdad del silencio. Arthur dejó la bolsa con la ropa junto al sofá y se encaminó hacia la habitación, donde se encontró la cama vacía -¿Nora?- preguntó. Entonces, le llegó el lejano sonido del agua restallando contra la cerámica. La ducha. Nora debía de estar en el baño, de modo que se aproximó a la puerta -¿Nora, estás ahí?- no recibió respuesta, pero el agua seguía corriendo -¿Nora? ¿Me oyes?- nada, silencio, solo agua. La mano de Arthur se posó en el pomo de la puerta. Se le aceleró el pulso con pensar en que le pudiera haber pasado algo o peor, hubiese tomado una decisión suicida. Sin embargo, para su alivio, el agua cesó de caer y pocos segundos después la puerta se abrió. Nora, cubierta con el albornoz de Jack y el pelo chorreando y goteando contra el suelo apareció en el umbral. Sus ojos, siempre hermosos y radiantes, ahora eran pozos de oscuridad y dolor que miraron a Arthur con la pesadez de quien levanta sobre su espalda miles de toneladas. El simple hecho de mirarle y ver un ligero fantasma de Jack en sus facciones volvió a traerle lágrimas a los ojos -Eh, espera, espera...- Arthur entró en el baño un segundo para coger una toalla y envolverle los cabellos a Nora para luego frotar con suavidad y secárselo todo lo posible -Vas a coger una pulmonía, mujer...- Nora no le contestó, simplemente se dejó hacer. Arthur la acompañó de vuelta a la habitación para verla sentarse sobre el colchón, afligida y abrazándose, cubriéndose con el albornoz -Vístete, por favor- pidió -Me salgo un instante- Nora le miró en un hito antes de que Arthur cerrara la puerta al salir. Aguardó largo rato mientras oía, por fin, como Nora buscaba en el armario algo que ponerse. El hombre respiró con calma y cerró los ojos para despejar su mente. No, no era el momento ni el lugar ni la situación para que su cabeza volara a rincones oscuros y a deseos crueles. Pues lo sabía, sabía que en ese momento cualquier fantasía era cruel y monstruosa, por lo que no ahondó en ellas.
-Ya puedes pasar...- oyó levemente Arthur antes de volver a abrir la puerta y ver que Nora se había puesto unas mallas viejas a modo de pijama y una sudadera igual de ajada, ya destinada a servir unicamente para la casa.
-Me alegra oirte hablar un poco- Nora no contestó a eso -Supongo que... Bueno, sabes lo del funeral... ¿no?- Nora asintió. Lo leyó en la nota que le dejó Helena -Pasaré el resto de la tarde y la noche aquí, contigo. Mañana vendrá Sarah y así hasta que te encuentres mejor- dijo, poniéndole una mano sobre una de las de la chica. Nora apartó la mano. No quería tener contacto con nada ni con nadie -Lo siento- dijo Arthur, apartando su propia mano también -¿Tienes hambre? ¿Te apetece comer algo?- Nora negó con la cabeza.
-Quiero estar sola, Arthur. No... no te lo tomes a mal...- sollozó.
-Vale, lo comprendo- Arthur se alejó de ella nuevamente -Pero procura descansar un poco ¿De acuerdo?- Nora asintió lentamente -Estaré aquí fuera para cualquier cosa que necesites. No dudes en llamarme- Nora se recostó en la cama de nuevo en silencio mientras que Arthur regresaba al salón. Dado que la chica no parecía estar por la labor de salir, Arthur se cambió la ropa en mitad del salón, ya que nadie iba a verle en paños menores.
El día pasó de la misma forma que el anterior, lento, pesado y en silencio. Arthur de vez en cuando recibía llamadas de Sarah, Helena, Carol y Jason para preguntar por el estado de Nora y cómo iba la estancia en la casa. Por parte de Helena, también trataba de informar de cualquier dato que pudiera aportar sobre el destino final de Jack, pero es que verdaderamente no había novedad alguna. Ella y Ethan estaban totalmente dedicados a sacar cualquier dato de la investigación pero de pronto era como si el muchacho nunca hubiera existido, lo que lo hacía más doloroso y cruel, si cabe. Así, entre llamadas, alcanzó nuevamente la noche. Nora salió un par de veces para ir al baño y poco más, ya que seguía sin querer comer nada. Arthur sin embargo estaba convencido de que aunque fuera un triste sandwich le preparía para cenar, pues no podía ser que pasaran las horas sin alimentar el cuerpo. Pese a la falta de ganas, necesitaba nutrirse. Por ello, puso la televisión mientras iba a la cocina a preparar algo de comer para la chica. Esperaba que las noticias pudieran también arrojar algo de luz al asunto a parte de los esfuerzos de Helena y Ethan, pero lo que comenzó a oír no era en absoluto lo que esperaba. En la calle, cerca de la casa, oyó sirenas sonar a toda velocidad, pero le restó importancia hasta que comenzaron a hablar de alarma en las calles. Arthur dejó de hacer lo que estaba haciendo para prestar total y completa atención a la televisión para terminar comprobando horrorizado como unas extrañas personas parecían estar atacando a otras en las calles. La gente gritaba asustada y corría pavorosa. Agentes abrían fuego contra los enloquecidos criminales que parecían soportar cualquier tipo de daño que recibieran de forma sorprendente. Los cámaras del noticiero intentaron huir pero fueron alcanzados por aquellos hombres y mujeres que, una vez las cámaras los captó bien de cerca, se pudo apreciar que no eran personas enloquecidas o drogadas. Esas personas no podían estar ni siquiera vivas por su aspecto -Oh, Dios...- masculló Arthur -¿Nora? ¿Estás despierta?- no obtuvo respuesta -¡¿Nora!?- silencio -¡NORA!- Arthur corrió a la habitación para encontrar a la chica recién levantándose de la cama, con los ojos enrojecidos y algo pegados.
-¿Qué pasa? ¿Por qué gritas así?- comentó con voz rota.
-Levanta. Tenemos que irnos-
-¿Arthur...?-
-¡No hay tiempo!- que Arthur actuara de esa manera no era en absoluto normal. Algo muy, muy malo debía de estar pasando...
No hay comentarios:
Publicar un comentario