Conforme pasaban las horas se iba aproximando el fin de la reunión de amigos. Tras la realización de las fotografías y de un buen puñado de risas más en conjunto, Charlie y Carol fueron los primeros en levantarse del asiento para despedirse y proceder a marcharse. Después, siguieron Sarah y Arthur -¿Ya? ¿Vosotros tan pronto?- preguntó Jack con incredulidad.
-Tenemos cosas que hacer-
-¿Cosas sexys?- preguntó Helena arqueando las cejas.
-Cosas como dormir- respondió Arthur reprimiendo un bostezo -En serio, estos últimos días están siendo una carga enorme para mí también-
-Tampoco queremos dejar a Mark demasiado tiempo sin nosotros. Quizá ya esté dormido, sí, pero tampoco es que nos apetezca dejar a la canguro cobrando por estar viendo la tele- comentó Sarah.
-Al pobre que le den ¿eh?- se mofó Helena, llevándose una mirada desaprobativa de Helena.
-No es eso, mujer-
-Ya lo sé, ya lo sé, es broma-
-En fin, en ese caso espero que os lo hayáis pasado bien una vez más y que volvamos a vernos la semana que viene- dijo Jack risueño.
-Claro que sí, como siempre- ambos hermanos se dieron un cálido abrazo.
-Cuidaos mucho, sobre todo tú- dijo Sarah a Nora -Tienes una enorme responsabilidad en tu salud ahora mismo-
-Lo sé, no os preocupéis- asintió Nora.
-Dejadmelo a mí, yo me bebo las cervezas por ella- guiñó el ojo Helena.
-Contamos contigo- concluyó Arthur.
-Por desgracia- añadió Jack.
-Te he oido, capullo- señaló Helena.
-No le hagas caso, yo te apoyo- inquirió Jason, fallando estrepitosamente una vez más en ganar atención de Helena.
-Hasta el próximo día, chicos- se despidieron Arthur y Sarah, marchándose finalmente. En el salón solo quedaron Jack, Nora, Jason, Helena e Ethan.
-Bueeeeeno- comentó la rubia mirando para todas partes con inquietud.
-¿Jugamos a algo?- Jason miró interesado a los que restaban en la casa.
-Lo dudo- agregó Ethan -Yo me marcho también. Mañana me toca turno y a ti también, Nora. No te acuestes muy tarde que te necesitamos fresca como una lechuga-
-Sabes que soy responsable-
-Eso espero, eso espero- disparó una mirada significativa a Jack -Ya nos veremos. Y lo siento una vez más por el marrón, Jack-
-Que te den- se despidió Jack risueño mientras Ethan se marchaba por la puerta.
-Qué coñazo. Vamonos nosotros también, Jason- dijo Helena poniéndose en pie.
-¿Qué? ¿Ya? ¿Por qué?-
-Porque hay que currar, mamón. Tenemos que descansar- trató de explicar ella.
-Yo mañana no trabajo- Jason miró a Jack.
-Ellos sí-
-Bueno, pero que ellos nos digan cuando tengan sueño- Jason ignoraba las señales. Incluso pasaba por alto lo acurrucados que estaban Jack y Nora en el sofá.
-Jason...- Helena bufó -¿No ves que se mueren por echar un polvo?- Jack y Nora estallaron en carcajadas.
-¿Qué?- Jason volvió a mirar a la pareja riendo -Ah, oh... eh...- se puso en pie -¿En serio? Bueno, no quería yo molestar-
-Venga, que siento las vibraciones sexuales hasta yo- apremió la rubia.
-¿Ah, sí? ¿Te interesa?- sonrió torpemente pícaro Jason.
-¿Contigo? Antes me liaría con Jack- en lugar de ofender a Nora, la hizo reír más -Y no te hagas ilusiones con eso, capullo- le indicó al novio de su amiga.
-Vaya por Dios. Ya casi creía que te tenía en el bote- acompañaba Jack a Nora en la risa.
-¿Pero por qué con él y conmigo no?- preguntaba Jason quejica, siendo empujado hacia la puerta.
-¡Tira de una vez, joder! Nos vemos, chicos- se despedía de camino la rubia -Procura que pueda andar, Jack. Que mañana curra. No le des muy fuerte-
-¡Bocazas!- Nora lanzó un cojín que falló estrepitosamente debido a que Helena finalmente salió por la puerta. Durante unos segundos aún se oía al ofendido Jason quejarse de la indiferencia de su querida rubia a la que pretendía enganchar desde hacía ya mucho, mucho tiempo.
-¿Me explicas por qué somos amigos de este atajo de imbéciles?- se carcajeó Jack.
-No lo sé. Lo peor es que uno de ellos es tu hermano-
-No es el peor de todos, al menos-
-Ya, en eso tienes razón- ambos siguieron comentando y bromeando sobre sus amistades mientras recogían la mesa y tiraban los desperdicios a la basura. El silencio fue ganando espacio en la casa hasta que la conquistó. De nuevo, parecía volver a ser un hogar reconfortante donde ambos pudieron comenzar a relajarse. Sobre todo una vez llegaron a la habitación dejando todas las luces apagadas a su paso. La pareja comenzó a desvestirse para prepararse para ponerse el pijama -Ah, por cierto- interrumpió Nora semidesnuda, deteniendo a Jack prácticamente de la misma guisa -¿Tenía razón Helena?-
-¿Sobre qué?- Jack observó a su chica ponerse sobre sus rodillas en el colchón hasta alcanzarle más o menos a su altura para mirarle a los ojos.
-Sobre lo de echar un polvo- se mordió los labios.
-No sé de dónde se sacó eso, la verdad- comentó Jack con cansancio, suspirando. Nora no pudo contener apenas una mirada de sorpresa ante la pasividad de su pareja ¿La estaba rechazando?
-Ah, bueno. Supongo que el día ha sido duro ¿eh?- comentó comprensiva, sonriente y complaciente.
-Bastante duro- asintió Jack
-En ese caso, se bueno y procura descansar- con un brinco sobre el colchón, la muchacha alcanzó a darle un dulce beso en la frente a su novio para después girarse para ir a su lado de la cama. Sintió sin embargo un cálido tirón de la cintura cuando se dio la vuelta, viéndose arrastrada hacia Jack, de espaldas. Realmente no se sorprendió al percibir entre sus piernas cierta resistencia endurecida. No pudo evitar reír -Qué tonta soy...-
-No puedo creer que te lo hayas tomado en serio- comentó Jack en baja voz, que mientras se apretaba con ella le besaba los hombros, la nuca y la espalda.
-Solo trato de ser buena- suspiró la chica.
-¿Ah, sí?- Jack le dio la vuelta con suavidad -Pues empieza a portarte bien conmigo- ambos se sonrieron con picaresca antes de fundirse en un gran y húmedo beso mientras jugaban y entrelazaban sus lenguas a la par que sus manos, compartiendo la sensación mutua de la necesidad y la prisa, buscaron desnudarse el uno al otro con la mayor prontitud posible. Una vez se hallaron sin murallas de ropa que cubriera ni un ápice de sus cuerpos, Jack la arrojó a la cama con ímpetu provocando una risilla divertida en Nora al notarse rebotar en el colchón.
-Tonto, vas a romper la cama- masculló ella mientras su novio se le colocaba encima, abriéndose hueco suavemente entre sus piernas. La chica le acariciaba la barba perdida en la mirada de su amante.
-Pensaba que era la idea para hoy- respondió él antes de volver a besarla con profundidad y pasión. El día, la situación vivida, la alegría y emoción que sentían ambos en su interior por el buen sino que les acompañaba en los días venideros y en un futuro prometedor les hacía sentir una sed incomprensible. En situaciones normales se hubiesen detenido a jugar, a lamerse, morderse, como dos adolescentes que apenas empiezan a descubrir el cuerpo del otro, pero no podía ser esa noche. Esa noche ambos tenían la necesidad de unirse cuanto antes. Nora le invitaba aferrándole con las piernas mientras Jack la besaba y el tenso y erecto cuerpo del hombre no pudo contenerse apenas un instante antes de penetrar la intimidad de la chica con un embite suave pero constante. Jack se despegó de los labios de la chica para oir con placer cómo esta se deshacía en un gemido profundo y largo mientras sentía como en cada parte de sus adentros se abría paso su futuro marido y padre de su hijo. Así, en un instante de inmovilidad, ambos se quedaron mirando hasta que Nora se atrevió a sonreir y a jadear.
-¿A qué estás esperando?- le preguntó con picardía, apremiándole mientras le apretaba con fuerza la espalda. Complacido por su impaciencia, Jack volvió a moverse y a penetrarla una y otra vez, en principio con suavidad. Oír la dulce y hechizante melodía que emanaba de la garganta de su chica era para Jack el mayor de los néctares que pudiera saborear alguna vez. No había nada que lo hiciera entrar en trance más que los gemidos de su chica, los cuales buscó enaltecer acariciándole con pasión los pechos y apretándoselos a la par que se permitía y apretando el ritmo y la fuerza de forma lenta pero constante hasta que él comenzó a acompañarla en la armonía de los gemidos, a la vez que el cuerpo se les envolvía de un calor que les invitaba a desprenderse hasta de la piel, de haber podido.
Jack continuó haciéndole el amor con pasión mientras la besaba y la tocaba por todas partes, pero sentía ganas e impaciencia de poder recorrerla mejor de lo que podía en esa postura. El hombre se despegó de ella un instante para sentarse en el colchón y después la atrajo hacia sí para sentársela encima. De esa manera podía rodearla con los brazos, recorrer su espalda por completo con unas caricias de sus manos mientras mordía, lamía y degustaba el sabor de la piel de sus pechos mientras ella seguía aferrándose a él, ayudándole a alcanzar aún más su interior al mover ella las caderas para sentir el miembro de su amante entrar y salir suavemente de entre sus piernas. Jack la tomó por la parte baja de las nalgas y con dedos traviesos separó ligeramente la carne de la chica para abrirse mejor el camino hacia ella, ayudándola a moverse también con mayor facilidad. Nora y Jack siguieron gimiendo, cada vez con más prisa, con más velocidad, acompañado de la velocidad en la que el hombre entraba y salía de ella. A ratos la habitación se quedaba en silencio cuando los gemidos se silenciaban con sonoros besos que chasqueaban entre los labios de la pareja y otras veces roto por el suave restallido de la carne contra la carne con cada penetración. Cada movimiento alteraba más los sentidos de ambos amantes pero era Jack el que empezaba a sentir la necesidad de dejar salir la pasión y el animal. Sentía un enorme placer, sí, pero quería más. Necesitaba más. Entregarle a ella mucho más. Jack detuvo los movimientos un instante para besarla una vez más antes de quitársela de encima con suavidad. Nora sonrió viendo las intenciones de su novio, que la dejaba ponerse sobre el colchón de espaldas a él mientras éste se colocaba detrás de ella. Mientras que el hombre la aferraba por la cadera con ambas manos, Nora ya apretaba las sábanas esperando la primera acometida que lo llevara a su interior. Sentirle entrar desde esa postura siempre era contundente, casi relampagueante. Jack siguió penetrándola de esa manera, contundente y con apasionada fuerza, desgarrando gemidos desde lo más profundo del alma de Nora. Para un gran colofón Jack se mordió el labio inferior mientras que una de sus manos se deslizó hasta la entrepierna de su chica, acariciándole el clítoris mientras la seguía penetrando. Los jadeos de la chica le comunicaban el estado en el que se encontraba y para ser sincero consigo mismo, Jack tampoco podía contenerse mucho más. Siguiendo con el juego de manos y apretándole una nalga con la mano que le restaba, Jack culminó en el interior de su chica mientras la embestía con fuerza y un ritmo elevado, robándole a ella por igual un sonoro orgasmo que le acompañaría por el resto de la noche en su mente. Nora solo tuvo que dejarse caer, derrotada, de bruces contra la almohada. Jack, jadeante, se dejó caer a su lado lentamente, mirándola a la par que ella se giraba, un poco colorada, para mirarle a él. Ambos se sonrieron con amor y ternura, permitiéndose Jack darle un toquecito con el dedo en la nariz, haciendo que Nora arrugase el rostro -Da miedo de pensar en todo esto- comentó la chica con la voz entrecortada.
-¿En qué?- quiso saber Jack, apartándole los cabellos del rostro.
-En lo bien que va todo. En lo mucho que te quiero. El miedo que supone pensar que todo acabe o cambie por alguna razón- suspiró
-Nada cambiará. Nada acabará- Jack la abrazó con suaviad, atrayéndola hacia sí, para arroparla entre sus brazos. Nora se acurrucó en él con una amplia sonrisa.
-¿Me lo prometes?-
-Te lo juro. Se acabará el mundo antes de que todo esto que nos rodea cambie. Se acabará el mundo entero antes de que esta vida nuestra vaya a peor-
-Te quiero aunque seas feo- bromeó ella, acurrucándose más entre los brazos de Jack.
-Soy un hombre afortunado- rio Jack provocando en ella también una risilla antes de dormir.
Al día siguiente, Jack amaneció un poco antes que Nora. La chica seguía dormida y desnuda bajo las sábanas mientras que el hombre se vestía sin dejar de mirar la silueta que ella dibujaba entre el montón de arrugas de la ropa de cama. Se mentiría a sí mismo si no se confesaba que, de ser por él, volvería a hacerle el amor en ese instante antes de irse a trabajar, pero era prácticamente un imposible por horario y por el sueño de la chica. A ella le sonaría el despertador pronto, de manera que la dejó dormir los minutos que le quedaban y él se marchó rumbo al laboratorio.
Cuando llegó, miró el reloj en su muñeca. A esas horas Nora ya se habría levantado y posiblemente ya se había marchado a trabajar. Le apenaba no poder verla de uniforme salvo contados días en que cambiaba su turno en el laboratorio. Algún día, pensó, podrían jugar a los interrogatorios picantes. Solo de pensarlo le hizo sonreír mientras entraba por la puerta del laboratorio -¿Qué es tan divertido?- preguntó Carl, uno de sus compañeros, que pasaba por allí con un café en la mano.
-Me acordaba de un chiste- mintió Jack.
-¿Me lo cuentas?-
-Nope- siguió riendo Jack dirigiéndose a las taquillas para cambiarse y ponerse el traje de protección antes de entrar en la sala de elaboración. Carl seguía a su lado terminándose el café para luego ponerse su propio traje.
-¿Has visto a Winters?- preguntó Carl.
-¿Cómo? Si acabo de llegar-
-Por si lo has visto aparcando o algo. No ha aparecido en toda la mañana y eso es rarísimo en él-
-Quizá se ha quedado dormido. Anoche se fue para casa con un whiskey encima y quién sabe si le ha dado por tomarse algo más. Está exageradamente volcado en este proyecto. Debe de estar derrotado-
-Todos lo estamos, joder. El jefe es el primero que debe dar ejemplo y arrimar el hombro- se frustró Carl.
-Se comprensivo. Sabes que nos lo compensa-
-Estás muy positivo hoy ¿Follaste anoche?- inquirió Carl.
-No lo sé, dímelo tú ¿Cómo te notas el culo?-
-Cabrón- rio Carl.
-Venga, vamos- apremió Jack también entre risillas para luego dirigirse junto a Carl a la sala de elaboración. El proceso de descontaminación concluyó como de costumbre y poco a poco fueron encendiendo la maquinaria y las luces una vez entraron en la sala. No escapó a la atención de Jack que algo no andaba bien -Oye, Carl-
-Dime- su compañero aún seguía encendiendo maquinaria con diversos botones.
-¿No había aquí un carrito con unas muestras de tono amarillento o ambarino? Lo deje anoche ahí, en la esquina- el carrito no estaba. No había rastro alguno.
-Ni idea. Yo acabo de entrar ahora mismo contigo-
-¿No has visto a nadie llevarlo a alguna parte?-
-Negativo, compañero- Jack se quedó pensativo, extrañado ¿Quién se lo había llevado si toda la sala estaba completamente apagada hasta ahora que estaba Carl dando energía? ¿Estaba acaso alucinando? ¿Y si se equivocó? No tenía ningún sentido. Juraría que lo llevó, pero también lo hizo todo con tanta prisa que... Debió de poner algún cartel, etiquetarlo, señalizarlo para que nada ni nadie lo tocara. Jack suspiró pesadamente al pensar en que seguramente se llevaría una bronca de Vincent. Debido a sus pensamientos, no se percató en lo que Carl estaba viendo -Eh, Jack- la voz de su compañero le sacó de sus pensamientos -¿Te referías a eso?- Carl señalaba a un carrito con muestras de suero amarillento en distintas probetas que se encontraban, precisamente, al otro lado de la cristalera de pruebas.
-Mierda...- Jack se sintió palidecer -¡Apágalo todo, Carl! ¡Apágalo!- ordenó.
-¿Qué?-
-¡Que lo apagues todo! ¡No pienses, actua! ¡Apagalo todo!- volvió a ordenar, corriendo a la botonera de mando de energía y luces de la sala.
-¿Pero qué mosca te ha picado?- dijo Carl apartándose, dejando hueco a Jack. Este pulsaba todos los botones de apagado de emergencia pero uno de ellos no funcionaba.
-¡Joder! ¡No funciona!-
-¿¡Rearmaste el conmutador de cierre de emergencia!?- Jack recordó que no. Lo apagó completamente todo para no meter la pata y sin embargo se olvidó de rearmar los cierres para su correcto funcionamiento. Lo dejó todo apagado y ahora el apagado tardaría unos minutos de más. Jack juraría poder ver cómo esas muestras de las probetas empezaban a brillar y recordó las palabras de Winters sobre saltar por los aires.
-Nora...-
La explosión del laboratorio se vio desde cada extremo de la ciudad. Las llamas alcanzaron alturas dificilmente imaginables y los cascotes y escombros alcanzaron metros y metros de distancia, cayendo sobre casas, vehículos y en mitad de la calle. La ciudad entera tembló debido a la onda expansiva. Fue como el inicio de una temible guerra que nadie fue capaz de imaginar.
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